Un planeta sin animales

Imaginarse a nuestro planeta tierra sin animales sería como estar viendo una película de terror o de ciencia ficción. Para muchos puede ser una utopía, pero la verdad es que rápidamente nos estamos encaminando hacia ello...

Cada año desaparecen de la faz de la Tierra unas 10.000 a las 50.000 especies de la flora o fauna. Entre ellos, algunos animales que conocíamos y eran parte de nuestra naturaleza, lamentablemente mis nietos no los conocerán. Plantas, flores o arboles preciosos que nos daban tanto bienestar serán muy pronto sólo un recuerdo. Alguna foto los recordará, en algún museo encontraremos sus restos. Puede que algún ejemplar sea embalsamado para guardar el recuerdo de su existencia, pero nunca más lo podremos ver ni disfrutar de su habitad, cuidar de sus crías, poblar nuestros océanos, o mostrarnos sus capacidades y características para aprender de ellos, será imposible pues iniciaron un camino sin retorno.

¿Estamos enfrentados hoy a la sexta extinción?

La primera sucedió hace 440 millones de años, por efecto de glaciaciones y el recalentamiento del planeta. La Tierra logró recuperarse y nacieron nuevas especies quienes no duraron mucho, ya que 60 millones de años más tarde se produjo la segunda extinción, esta vez fruto del enfriamiento originado por la caída de varios asteroides.

La tercera se produce como resultado de los movimientos originados en las placas tectónicas hace 350 millones de años atrás en la que se destruye gran parte del planeta, sin ser esta la última; pues 200 millones de años atrás la cuarta extinción es producto de la apertura del océano Atlántico, donde grandes superficies de tierra fueron cubiertas por agua y por ende desaparecieron otras muchas especies, pero aun así grandes animales pudieron seguir viviendo dominando la faz de la tierra , eran los dueños y señores del planeta, los dinosaurios transitaban libremente, se multiplicaban y nacían otras tantas especies.

Nuevamente, la naturaleza jugó un rol importante, un gran asteroide o cometa colisiono con nuestro planeta y estos grandes animales desaparecieron por completo, no obstante una especie distinta empezó a poblar la faz de la tierra, era el comienzo de nuestra existencia, los mamíferos poblaríamos el planeta, dominaríamos la tierra nos multiplicaríamos y disfrutaríamos de nuestra existencia.

Se supone que aquí comienza la era de los Mamíferos, siendo el inicio de una feliz historia al no convivir con depredadores gigantes, pero la triste realidad fue otra. La sexta extinción se aproximaba y que no sería producto de un desastre de la naturaleza, si no que su origen lo iniciaría una de las especies aún en desarrollo, el Homo Sapiens. La evolución de esta especie, más rápida que la de las demás, le permite satisfacer sus necesidades apoderándose del entorno, restringiendo el espacio y/o hábitat natural de cualquier otra especie que se le cruzará en el camino, pero lo contradictorio es a su vez que esta es la única capaz de cambiar la historia del planeta.

A modo de ejemplo, quiero nombrar una especie conocida por todos como fiel reflejo de una realidad latente, los tigres. Es el más grande de los felinos, pero muy pronto será sólo un recuerdo. Hace 100 años deambulaban por la faz de la tierra 100.00 de ellos, a principio de los años ochenta su número no superaba los 20.000, hoy en día solo existen 3.200. Si pudiese enumerar la cantidad de especies que ya hoy no existen me faltaría papel, sólo les puedo decir con estupor cómo cada día se engrosa más y más esa lista.

La Conferencia Europea de Biodiversidad, que se inicio la semana pasada en Madrid, reúne representantes de 48 países. Espero que logren aunar esfuerzos y establecer políticas multinacionales que permitan poner freno a esta debacle, ya que si el mundo entero no actúa en pos de un objetivo común esa película de horror ‘Un Planeta sin Animales’ no será ficción, sino más bien una triste realidad.

Todos los que habitamos este planeta nos necesitamos unos a otros. Debemos mantener el equilibrio, la vida depende de optimizar el uso de los recursos naturales. Hemos avanzado tanto en conocimientos que debemos centrar nuestros esfuerzos en proteger el planeta, no tenemos más repuestos. Queremos que nuestros nietos lo disfruten, pero también los nietos del tigre, del lince, del urogallo, del oso pardo y de muchas otras especies que hoy en día se encuentran en peligro de iniciar un viaje sin retorno. No nacieron para cumplir un ciclo, como cualquier ser vivo tienen derecho a existir, son tan dueños como todos del planeta. Por ellos y por los que no están, tomemos conciencia, destinemos los recursos necesarios para buscar alternativas, que nos permitan seguir desarrollándonos pero sin destruir lo que tantos años a la naturaleza le costó construir.

 

firma