Niños y mascotas: una relación muy especial

 

Cuando pensamos o recordamos a nuestra primera mascota casi siempre nos remontamos a nuestra niñez...

En aquellos momentos nuestros pequeños cerebros, ávidos de conocimiento, nos hacían detenernos a observar cada animalito que teníamos cerca y podíamos pasarnos horas mirándolos. Recuerdo la primera vez que mi padre me llevó al zoológico, fue para mí una experiencia increíble ver tantos animales con tal variedad de formas y colores y movimientos tan extraños. Resultó toda una aventura, no me cansaba de comentárselo a mis amigos, y de inmediato nació en mí el deseo de tener en casa un animal. No paré de pedirle a mi padre que me regalara uno, no tenía muy claro cuál era la especie porque todos me gustaban, lo único que tenía claro es que quería tener en casa un amigo.

Pasó mucho tiempo hasta que mis súplicas fueron escuchadas, mi padre decidió regalarme mi primer perro, sin dejar de advertirme que debía cuidarlo y preocuparme yo de él, cosa que de inmediato acepté gustoso. La verdad es que la llegada de mi amigo para mí fue toda una experiencia, aunque el hecho de tener que preocuparme de recoger sus necesidades no era algo que me gustara mucho. De vez en cuando trataba de eludir esa responsabilidad aunque mi madre no dejaba de reprochármelo, pero, aun así, el regresar del colegio y saber que él estaría ahí esperándome para jugar era un enorme aliciente.

El primer problema se presentó una vez que yo corría para esconderme de él y, al intentar que me detuviera, mordió mi suéter nuevo y le hizo un gran agujero, que por supuesto no le agradó a mamá, quien además de regañarme me prohibió salir a jugar, puesto que cada vez que lo hacíamos me ensuciaba mi ropa y además me la rompía. No obstante creo que con el tiempo ambos fuimos aprendiendo qué juegos podíamos realizar y cuáles no, y como siempre cada vez que yo lo necesitaba él estaba ahí, dispuesto a acompañarme, jugar, protegerme y cuidarme constituyéndose en mi vida en un ser que recordaré siempre y espero que, dondequiera que esté, sea feliz.

Con el tiempo me he dedicado a estudiar a los animales y a trabajar con ellos tratando de enseñarles algunas cosas a fin de que la convivencia con sus amos sea lo mejor posible para todos, pero nunca ha dejado de extrañarme de qué manera tan instantánea se produce la unión entre un niño y su mascota, creo que se debe a la pureza de espíritu que ambos transmiten, son sanos, puros y no transmiten ninguna carga negativa. Con sus ojos, manos y gestos corporales los niños expresan sus sentimientos al igual que lo hacen los animales, por lo que estoy seguro de que ese primer contacto hace que su química los atraiga. Algunas veces puede parecer que algún perrito o gatito rehúye a un niño, eso puede deberse al miedo que algún mayor le inculcó a ese chico respecto a los animales, que generalmente perciben nuestros amigos por el olfato.

Pero generalmente son polos que se atraen y de inmediato entablan un idioma en común que termina en juegos, carreras, risas y caricias, escenas que enternecen a cualquiera que los observa y que además nos hacen comprender lo que maravilloso que es compartir el planeta con estos grandes amigos, fieles y simpáticos sean la especie que sean y con los cuales día a día tenemos más contacto.

Amigos, al escribir estas líneas estaba recordando a mi primera mascota y estoy seguro de que cada uno de ustedes harán lo mismo, para ellas el recuerdo de todos, que si bien en algunos casos ya no están con nosotros estoy seguro de quer tienen y tendrán un rincón en nuestros corazones.

Lengüetazos, ronroneos y caricias para todas y que siempre sean tan felices como nos hicieron sentir a nosotros.

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