El entorno es vital para las mascotas

Está científicamente demostrado que las mascotas que viven en el campo y las de ciudad tienen distinto carácter

 

El entorno que rodea la vida de cualquier ser viviente influye positiva o negativamente en el carácter del mismo. Si tú vives en una gran metrópoli, tienes que tener en cuenta que la gran congestión de vehículos, el poco espacio existente entre cada vivienda, la gran cantidad de personas que habitan y circulan por la misma y la tensión a la que estás sometido diariamente al desplazarte muchos kilómetros para ir a tu lugar de trabajo y llegar a tiempo, hacen que tu ser cargue cierta energía que influye en un estrés constante, que muchas veces no eres capaz de distinguir.

No en vano las personas que viven en las grandes ciudades tienen una vida mucho más acelerada y su ritmo cardiaco es siempre más alto que el de aquellos que no están sometidos a esa presión constante.

La falta de zonas verdes en las grandes urbes de cemento influyen también en el vivir diario, las rutinas y la forma de vida de los habitantes de estas ciudades es bastante monótona y sedentaria. Si bien las mascotas les han ayudado mucho a no sentirse tan solos, no es menos cierto que tener un espacio donde éstas puedan liberar sus energías es difícil de encontrar.

Los largos paseos no son la tónica de nuestros amigos en una gran ciudad. Normalmente se conforman con un recorrido por la calle cementada, donde en algunas ocasiones logran encontrar un pedazo de tierra al lado de un árbol, pero sus tan agradables olores que les indican quiénes anduvieron por ahí, qué sexo que tenían sus amigos o la edad de los mismos se disipan.

Estudios realizados, tomando como ejemplo a dos mascotas hermanas con carácteres muy parecidos en su primera etapa de vida, que posteriormente fueron trasladadas a vivir una en la ciudad y la otra al campo, evidenciaron que después de algún tiempo el carácter de uno de ellos cambió y pasaron a ser diametralmente opuestas en su manera de actuar. La que vivía en el campo actuaba más tranquila frente a determinados sonidos, le gustaba mucho compartir con sus amos a la hora de pasear, si bien iba suelta no se alejaba mucho de ellos y siempre estaba expectante a lo que éstos hacían. Cuando reconocía los olores del lugar lo hacía pausadamente, colocando mucha atención a cada uno de esos nuevos aromas, sin denotar excitación e inclusive dormía más horas que su hermano de la ciudad.

El que vivía en la ciudad cuando lo sacaban a pasear quería olerlo todo deprisa, casi no se detenía en un rincón para disfrutar del aroma, corría de un lado para otro tratando de no perder un minuto, su excitación al salir era evidente, temblaba y se daba vueltas al lado de la puerta antes de que ésta se abriera. Ladraba con mayor frecuencia y le costaba mucho calmarse, cualquier ruido influía en sus movimientos, se notaba asustadizo y agresivo, e inclusive cuando hacía sus necesidades su postura corporal evidenciaba un grado de alerta tal que hacía que no completara la acción debiendo orinar varias veces más. Todo lo que realizaba denotaba prisa, devoraba sin respirar los alimentos, su posición al echarse a reposar era siempre expectante al entorno, roncaba menos, y se despertaba mas alterado, costaba bastante más verlo relajado a diferencia de como lo hacía su hermano del campo.

Otros estudios realizados con algunas mascotas, que vivieron parte de sus vidas alejados de las grandes ciudades dejaron notar que, una vez llevando algún tiempo en las metrópolis, su carácter cambio. Esa contaminación acústica que se produce en nuestro subconsciente nos altera, la falta de áreas verdes donde poder disfrutar del entorno causa un efecto negativo en nuestras vidas y nuestras mascotas, muy receptivas a nuestros cambios, lo perciben.

Para ellas, los sonidos agudos y fuertes las desequilibran, recordemos que son capaces de percibir sonidos que para nuestro oído humano es imposible y lamentablemente las bocinas de los coches, los timbres de las casas, los teléfonos móviles abusan de los decibelios, y como además nosotros sin querer aumentamos el tono de nuestra voz para poder ser escuchados de mejor manera, cargamos el ambiente y producimos en ellas un estrés mucho mayor que les dificulta sobremanera y les es muy difícil mantener su carácter, tornándose bastante más agresivas, sintiéndose desprotegidos, ladrando mas siendo más inquietas.

Por otra parte, está comprobado que el descanso no es el mismo ni es tan reparador en las personas o mascotas que viven en las grandes ciudades que como suele serlo para los que pueden disfrutar de una apacible vida alejadas de la ciudad.

Es entonces súper importante que quienes tienen una mascota y viven en una gran ciudad, por lo menos una vez a la semana le dediquen un tiempo lo bastante extenso a sus amigos y lo saquen a pasear por un parque, ojalá de grandes dimensiones. Es necesario que jueguen con ellos para de esa manera ayudarles a liberar esta carga de energía negativa a fin de lograr que sus mascotas tengan un carácter lo más tranquilo posible, pues igual que para nosotros el entorno es muy importante, para las mascotas también. Recuerda que muchas veces tu agresividad a veces subconsciente se transmite directamente a ellas y es por ello que ladran, y son más inquietas que lo que quisieras. Trata de controlar tu carácter, baja el tono de voz al hablar, haz del ambiente interior de tu piso un lugar apacible y veras como eso influirá positivamente en tu amigo.

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