Ecosistema: más que una palabra bonita

 

 

Hace varios días, revisando diferentes artículos y noticias relacionadas con el reino animal y las mascotas, un canal de televisión relataba un suceso que ocurrió en un lago años atrás se depositaron ahí unos peces (carpas) y, con el tiempo, se reprodujeron en tal cantidad que hicieron desaparecer a las otras familias de peces originarias de ese lugar.

Cuando los turistas prendían los motores de sus embarcaciones, los peces comenzaban a saltar de tal forma que parecía que estuviésemos observando una bandada de pájaros iniciando su vuelo.

El relator del documental comentaba que esa situación ocurría a diario, que cualquier sonido desataba en ellos un caos. Parecía como si el agua entrara en ebullición, la vista del lago era exactamente igual que cuando observamos una olla en casa que comienza a hervir, un fenómeno increíble. El comportamiento de cualquier especie está en directa relación con el entorno, y el estado de hacinamiento siempre produce estrés, miedo y nerviosismo. El que algunos lograran saltar casi tres metros fuera del agua, cayendo incluso sobre el suelo del bote, o ver a otros cómo salían fuera del agua con dirección a las orillas, en un camino sin retorno, suceso que cada cierto tiempo observamos en nuestras playas, es un claro ejemplo de lo desesperados que se encuentran, que con tal de salvarse utilizaran cualquier medio. Pero lo peor era ver que casi todos se encontraban medio mutilados, con heridas provocadas por mordeduras entre ellos. ¿Hasta qué punto puede llegar la desesperación de un ser cuando se rompe el equilibrio necesario para la convivencia en cualquier ambiente? Si bien la película me hacía ver lo increíble de los fenómenos que puede mostrarnos la naturaleza, me entristeció y me hizo pensar cuánta culpa tenemos al no mantener el equilibrio del ecosistema en la naturaleza.

Pero ¿qué es el ecosistema? Es el nivel de organización de la naturaleza en niveles superiores al de los organismos, que viven en poblaciones y que se estructuran en comunidades. El concepto de ecosistema aún es más amplio que el de comunidad porque éste incluye, además de la comunidad, el ambiente no vivo, con todas las características de clima, temperatura, sustancias químicas presentes, condiciones geológicas, etc. El ecosistema estudia las relaciones que mantienen entre sí los seres vivos que componen la comunidad, pero también las relaciones con los factores no vivos.

El funcionamiento de todos los ecosistemas es parecido. Todos necesitan una fuente de energía que, fluyendo a través de los distintos componentes, mantiene la vida y moviliza el agua, los minerales y otros componentes físicos. Y la fuente primera y principal de energía es el sol. En todos los ecosistemas existe, además, un movimiento continuo de los materiales, los diferentes elementos químicos pasan del suelo, el agua o el aire a los organismos y de unos seres vivos a otros, hasta que vuelven, cerrándose el ciclo, al suelo o al agua o al aire.

Por lo tanto es tan malo superpoblar un determinado área como aniquilarla. Cuando una especie se ve afectada por la destrucción, ese equilibrio se rompe y como consecuencia existirá otra que al no tener quien la detenga o regule se supermultiplica. Pero como los alimentos no se reproducen en algunos casos tan rápidamente como ciertas especies, empieza el mayor de los problemas: consumimos todas las reservas existentes sin dar tiempo a su recuperación y la alacena queda vacía. Pero el hambre tenemos que satisfacerla, y entonces ocurre lo que les sucede a estos peces, que se transforman en caníbales que se alimentan unos de otros, sólo por el hecho de llevar a un lugar especies no originarias de ahí o, en su defecto, exterminar otras.

Todos los seres vivos son necesarios y cuando les quitamos los espacios empujamos a un tipo de especie de una zona a otra, desatando de inmediato el desequilibrio, que muchas veces ni siquiera lo medimos. Si me regalan un pez del Caribe, una ardilla china, una iguana del Ecuador, etc. y me doy cuenta de que no es la mascota ideal o por cualquier circunstancia se me escapa en una zona que no es su hábitat natural o considero perfecto liberar los peces de mi acuario en una laguna cercana al lugar donde vivo, estoy ingresando en la naturaleza un artefacto explosivo que en cualquier momento, sin que ni siquiera yo me dé cuenta, causará un daño de proporciones inimaginables.

Pero esto no sólo sucede con especies traídas de otras partes del mundo al introducirlas en nuestro sistema, lo mismo sucede con aquella gatita que por cualquier motivo dejé abandonada en la calle o en un campo cercano, sin ninguna responsabilidad, como si se tratara de un objeto sin vida depositado en un basurero. Ella tendrá que alimentarse, por lo que cazará para conseguirlo, y no será un caso único, cada día son más; se reproducirá y cada nueva boca requiere de lo mismo. La introducción de especies en un determinado ambiente, aunque éste sea el suyo, también causa daño y obliga muchas veces a frenar su reproducción, con medidas extremas que no nos gustan, todo como consecuencia de nuestra irresponsabilidad hacia con el equilibrio del ecosistema.

Como no quiero ver, ojalá nunca, más mascotas sin casa merodeando por nuestras calles, en busca de una oportunidad de vivir, ni tampoco animales mutilados por falta de alimento, apelo a la conciencia de cada uno de nosotros por un mundo mucho mejor, y para que entendamos que no nos regalaron una mascota, si no que adoptamos una vida, con toda la responsabilidad que eso conlleva. Si por cualquier motivo uno se tiene que deshacer de ella es preciso buscarle un hogar donde reciba lo que necesita y se merece, con eso no sólo la ayudaremos a ella, también mantendremos el equilibrio de la naturaleza. Cuidémoslas que lo único que hacen es entregarnos amor, y harta falta que nos hace.

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