La confianza, clave en la relación con los animales

Antes de entrar en contacto con nosotros, nos observan detenidamente hasta saber que estarán seguros

Profesor Pelusa Confianza, seguridad, protección, reconocimiento, admiración y lealtad son sinónimos en el caso de los animales hacia los líderes de cada manada, o bien para con sus congéneres o amos humanos.

En el reino animal, la confianza se gana frente a sus congéneres, demostrándolo diariamente en cada acto que realizan. Si bien un miembro de cualquier especie que enfrenta a otro, actuaría en principio con cautela demostrando temor hacia el desconocido, no es menos cierto que mediante una concienzuda observación determinará posteriormente el modo de actuar para establecer contacto con él o ella según sea el caso.

Muchas veces para poder satisfacer sus necesidades alimenticias deben atacar a otros para conseguir tan preciado trofeo, pero antes de actuar dedicarán una parte importante de su tiempo a observar los movimientos del rival. Para ellos conocer al otro es demasiado importante.

Bueno, lo mismo sucede con nuestra mascota, pues para que ésta nos llegue a considerar como verdaderos líderes, han dedicado muchas horas a observarnos y acumularán en sus cerebros toda la información posible sobre nuestros movimientos, tono de voz, olor, etc.
Tampoco estaremos exentos de pasar la prueba solamente porque les llevemos a nuestras casas. No obstante, si con el correr del tiempo ellos sienten que están seguros y le demostramos que realmente somos sus amigos de corazón nos entregarán toda su confianza para siempre, jamás pondrán en duda nuestra capacidad y, como para ellos la lealtad es a toda prueba, se entregarán a nuestros brazos sin más, ya que sentirán la seguridad necesaria para relajarse y disfrutar cada vez que están en contacto con sus amos.

Hace unos días un amigo me relataba la historia sucedida con un Mirlo, un ave que vivía en plena libertad y que cada mañana se acercaba a los alrededores de su lugar de trabajo , pues él siempre dejaba cerca de la puerta unas miguillas de pan. Si bien al principio este plumífero se mostraba bastante nervioso y al sentir sus pasos emprendía el vuelo, mi amigo empezó a realizar un pequeño experimento. Un día dejó las migas en el mismo lugar, pero él no se retiró de aquel sitio y esperó con paciencia la llegada de su amigo quien diariamente recogía el alimento. Si bien ese primer contacto fue casi en carrera, ya que el ave se posaba por unos segundos mientras cogía una miga del pan y volaba con ella en el pico para consumirla en otro lugar, el correr de los días le demostró a nuestro amigo que nada debía de temer y ya comía tranquilamente en el sitio sin ni siquiera preocuparse cuando el hombre salía o entraba de su lugar de trabajo.

Pero el experimento siguió, y un día Fernando, mi amigo, se entretuvo y no le dejó el alimento a la hora acostumbrada, lo que por supuesto causo extrañeza en el ave. Éste, en vez de esperar en el árbol cercano pacientemente por sus alimentos simplemente, optó por ir a su lugar de trabajo percatándose que la puerta se encontraba abierta y lo miró fijamente como queriendo decirle "estoy aquí y tengo hambre". Mi amigo se impresionó con la osadía que tuvo el ave y accedió de inmediato a colocarle su alimento en el lugar de costumbre, es así como hoy en día, dos veces cada día, este Mirlo llega cada mañana y tarde a la misma hora y observa si su comida se encuentra en el lugar de siempre o no. Y, si por casualidad ésta no se encuentra, sin el menor temor ingresa al recinto, lo busca, inclusive recorriendo otras dependencias dentro del recinto, se posa cerca de él, lo mira atentamente y espera pacientemente por su alimento.

Pero lo más increíble de esta historia no termina ahí. Un día llego acompañado de dos polluelos, lo que hizo fácilmente descubrir que era una hembra y venia a presentar a sus hijos, y con la misma tranquilidad de siempre compartió sus migas con sus descendientes. Por un largo periodo de tiempo ese fue su comportamiento, hasta que al parecer sus descendientes optaron por volar hacia otros rumbos, pues no se les ha visto desde hace mucho tiempo. No obstante, su madre cada día a la misma hora (mañana y tarde y en el mismo lugar) ,regresa por el alimento, pero ya esa amistad se ha tornado más profunda y nuestra plumífera amiga recibe ahora alimento de las manos sin mediar temor alguno.

A diario, aquellas palomas que día a día son alimentadas en las diferentes plazas y parques en todo el mundo, otros amigos que saben que en determinado lugar reciben alimentos y se les trata con amor no dudan en acercarse y entablar comunicación con nosotros. Pero antes nos han investigado y se han cerciorado de que en ese lugar pueden estar seguros. Confían en nosotros, y por ende son fieles diariamente al acudir ante nuestra presencia y sin duda esa seguridad logra con el tiempo que nos permitan tocarlos y que se sientan felices con nuestras caricias.

Para los animales la confianza es la base de la comunicación. "Yo creo en ti desde hoy y para siempre", ése parece ser su lema, no en vano muchos se enfrentan a arriesgadas maniobras simplemente al recibir una orden emitida por sus amos o lideres incluso poniendo en peligro su propia integridad física, sin siquiera detenerse a pensar las consecuencias que podrían traerle determinado acto.

Recuerden: confianza, seguridad, aprecio, protección, admiración, reconocimiento y lealtad son sinónimos para nuestros amigos los animales.

 

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